Anecdotario politico

De cuando Ruiz Cortines rechazó un Cadillac

29 agosto, 2016 12:42 pm

Se cuenta que siendo presidente Adolfo Ruiz Cortines, al celebrar el cumpleaños de su esposa le regalaron un carro último modelo, lo último en tecnología de la Cadillac, y el Presidente comentó: “hace muchos años que mi esposa cumple años y nunca se acordaron de ella, hasta ahora que soy Presidente; pueden llevárselo porque no puedo prometer nada a cambio de este regalo”. El destacado político veracruzano fue austero durante su sexenio y aún en su vida posterior, no favoreció a ninguno de sus amigos ni se hizo multimillonario cuando dejó la Presidencia. Es un caso insólito considerando que el Presidente a quien relevó, Miguel Alemán Valdés, se encontraba entre los diez hombres más ricos del mundo. A propósito de esto, la revista “Life” publicó en esos años, un artículo que se tituló: “México, fábrica de millonarios, generales y limosneros”.

A lo único que aspiro es a vivir… ¡pendejo!

1 marzo, 2016 7:33 pm

Faltaban dos días para que concluyera su sexenio el ranchero de Santa Gertrudis, Rafael Hernández Ochoa, cuando un reportero se le acercó al entonces mandatario estatal, a quien le soltó la pregunta.
–Señor Gobernador, ¿a qué aspira ahora que deja la gubernatura…?
Y don Rafa, que ya frisaba los 80 años de edad, se le quedó viendo extrañado al tundeteclas, a quien espetó casi a gritos:
–Lo único a que aspiro es a vivir… ¡pendejo!

La obligada Coca Cola y hamburguesa en EU

8 diciembre, 2015 11:07 pm

Guillermo Zúñiga Martínez no sólo fue un extraordinario político, sino también un buen padre. Siempre muy cerca de Guillermo, Américo y Anilú.
Pero con sus hijos varones, el ex alcalde de Xalapa, ex titular de la SEV, ex diputado, solía disfrutar momentos muy especiales.
Por ejemplo, don Memo se llevaba a Américo y a Guillermo a ver un buen partido de béisbol en Estados Unidos.
Cuentan sus vástagos, que su padre siempre cumplía con un ritual: se compraba una Coca Cola y una hamburguesa. Lo curioso es que apenas le daba un sorbo a la bebida y medio mordisqueaba su torta americana.
Papá, ¿y por qué compras eso y no te lo acabas?, le preguntaban a veces sus descendientes. “No sé… tal vez para sentirme realmente en la Unión Americana”, respondía el recordado Profesor, no sin antes soltar una sonora carcajada.

“Aquí lo típico… ¡es mandar a chingar a su madre a la gente”

30 septiembre, 2015 10:53 pm

Era el sexenio de Miguel Alemán Velazco. Un alto funcionario federal visitó nuestro estado.

El servidor público iba sobrevolando Alvarado en helicóptero, cuando uno de los alemanistas le comentó que en ese puerto se degustaban deliciosos pescados y mariscos.

Aterrizaron. Llegaron al restaurante de doña Tella, famosa por tener un extraordinario sazón, pero a la par muy conocida por ser una de las más picardientas de ese pueblo.

Uno de los acompañantes se adelantó a comentarle casi en secreto a la propietaria del mesón: “doña Tella, no se le vaya a ocurrir decir una palabrota delante de este señor, que es muy importante y viene de México”.

La dama en cuestión aceptó de mala gana la recomendación.

Sin embargo, minutos más tarde al agasajado se le ocurrió preguntarle a la malhablada mujer, en tono muy amable y comedido: “oiga…  ¿y aquí qué es lo típico?”.

Entonces la fémina, soltó su respuesta sin inhibirse:

-Pues aquí, lo típico… lo típico… ¡es mandar a chingar a su madre a la gente.

Don Agustín, buen gobernador con mal carácter

3 agosto, 2015 1:55 pm

Don Agustín Acosta Lagunes fue un excelente gobernador, estricto, ordenado, familiarizado con los asuntos hacendarios, de ahí venia, fue Director de la Casa de Moneda y Subsecretario de Inspección Fiscal de la Secretaria de Hacienda y Crédito Público.

Don Agustín era originario de Paso de Ovejas, en donde había nacido el 31 de diciembre de 1929; estudió en la Escuela Enrique C. Rébsamen y cursó el bachillerato en la Preparatoria Juárez; su carrera de economista la realizó en la UNAM.

Tenía gusto por la historia; siendo gobernador, compró la ex hacienda El Lencero, cerca de Xalapa, que había pertenecido al general Antonio López de Santa Anna, para convertirla en Museo.

También durante su mandato se construyó el Museo de Antropología, que es uno de los mejores del país y tiene reconocimiento internacional.

Aunque ha sido uno de los mejores gobernadores del Estado de Veracruz, (según Mario Tejeda, don Agustín y Patricio Chirinos han sido los mejores gobernantes de Veracruz) Acosta Lagunes tenía un genio de la chingada, muchos de sus colaboradores no resistieron sus regaños y le renunciaron; uno de ellos fue el propio Mario Tejeda, que estaba en Comercio; Cintora renunció a Patrimonio, en donde entró Miguel Ángel Díaz Pedroza; el de Ganadería fue sustituido por Pedro Rivera Pavón, que ya había estado con don Rafael Murillo Vidal; Alfredo Bielma aguanto dos años y medio; y su Secretario de Gobierno, el licenciado Ignacio Morales Lechuga, al cuarto año se regresó a su notaria en la Ciudad de México; y como él, muchos otros le renunciaron o fueron removidos por el propio gobernante.

Otro de los que renunciaron fue el tuxpeño Demetrio Ruiz Malerva (qepd), quien era el presidente del Comité Directivo Estatal del PRI.

Don Agustín tenía un chofer, Ignacio Archer, hombre noble y sencillo que resistía estoicamente el genio bipolar de su jefe.

En una ocasión, el gobernador se dirigía a Palacio de Gobierno y en una calle angosta, un vehículo atravesado obstruía el paso; Nacho detuvo el vehículo y se bajó para ver qué era lo que pasaba; el conductor del carro que estorbaba era un señor de edad que tenía dificultad para estacionarse, Nacho se acercó y le dijo comedidamente: apúrese por favor, el señor gobernador tiene prisa de llegar a Palacio. Eso puso más nervioso al atribulado anciano, finalmente, después de algunos minutos que se hacían eternos, estacionó su vochito. permitiendo el paso de los vehículos que esperaban; Nacho regresó a su automóvil; el gobernador le espetó molesto: fuiste muy blando, Nacho, qué tal si me hubieran querido matar, así no me sirves.

Pocos días después sucedió lo mismo en otra calle; en esta ocasión Nacho bajó del carro y fue a gritarle al conductor del otro vehículo: Apúrese cabrón, está estorbando al señor gobernador, y le manoteó; cuando regresó a su automóvil, el gobernador le dijo encabronado: Nacho, eres muy prepotente, qué te pasa, así no me sirves.

Y así era día tras día.
El único que le aguantó durante todo el sexenio fue Rafael “El Negro” Cruz, que incluso después de que fuera gobernador se seguía reportando con él telefónicamente para preguntarle por su salud.

Rafael Hernández Ochoa, un hombre institucional

7 julio, 2015 11:41 am

Filiberto Landa fue secretario particular de don Rafael Hernández Ochoa. Era uno de los jóvenes políticos que impulsó durante su gobierno. A Gonzalo Morgado Huesca, don Rafa lo nombró Presidente del PRI estatal, en donde permaneció los seis años; Emilio Gómez Vives, Secretario de Gobierno, a los tres años sustituyó al ingeniero Arturo Márquez “El Pica”; por el joven Bernardo Silva en la Tesorería entró el joven Rafael Murillo Pérez; Mario Fernández de la Garza en la Dirección de Obras Públicas; Paco Portilla en la Procuraduría; Gela Frutis en Asuntos Ecológicos; José Luis Lobato en el Instituto de Pensiones.
En fin, don Rafael tenía fe en la juventud. Me cuenta Filiberto que don Rafael era un hombre estricto, honesto y trabajador, entregado plenamente a servir a su estado.
Como era ranchero llegaba temprano a su oficina y salía hasta bien entrada la noche. Era un hombre incansable. En una ocasión invitó a la directora nacional de la Juventud, Silvia Hernández, con la que yo trabajaba, a que visitara su rancho Boca escondida, en Santa Gertrudis, de donde era originario.
Silvia me pidió que la acompañara, pues sabia que yo era veracruzano y me interesaría esa visita, pues tenía intenciones de que me nombraran delegado del INJUVE en Veracruz.
Nos acompañó Ignacio Zamarron, que era el coordinador de delegados, y su cuñado.
Nos trasladamos los tres en una avioneta que aterrizó cerca de la propiedad de don Rafael.
El gobernante acudió personalmente a recibirla y nos invitó a recorrer a caballo su propiedad. A Silvia le pidió que montara una espléndida yegua blanca. Don Rafael nos iba explicando el nombre de cada árbol. Era un profundo conocedor del campo. Luego la llevó hasta la orilla de un profundo barranco para mostrarle como nacían las nubes. Efectivamente pudimos apreciar cómo en el fondo se iban formando las nubesillas y lentamente se elevaban hasta el cielo. Luego nos ofreció una espléndida comida con los mejores platillos veracruzanos.
Curiosamente, cuando terminó su mandato, en lugar de irse a vivir a su rancho, en el que se sentía tan a gusto, se fue a vivir con su esposa Teresita Peñafiel a Querétaro.
Me platica Filiberto que después de que fue gobernador, le preguntó en una ocasión que coincidieron por el rumbo de Vega de Alatorre, en el que Filiberto era Presidente Municipal, el por qué se fue a vivir lejos de su tierra, a lo que don Rafael le dijo:
“Mire licenciado -siempre fue muy respetuoso en su trato, a veces malhablado, pero siempre cariñoso- aquí en Veracruz hice muchos amigos, amigos verdaderos -lo recalcó con satisfacción- amigos que participan en política, y no iba a faltar quién me buscara para solicitar mi intervención, Rafael (Murillo Vidal) nunca intervino en lo más mínimo en mi gobierno, yo soy muy respetuoso de los tiempos, y mi tiempo como gobernador concluyó el día que le entregué la estafeta al licenciado Acosta Lagunes.
Ahora Agustín es el que manda en el Estado, y yo no debo intervenir en ningún asunto, ni recomendar a nadie, esto, entre otras razones, fue lo que motivó mi decisión de irme a Querétaro”.
Trabajar con el licenciado Hernández Ochoa fue una experiencia de aprendizaje permanente, pero ese día don Rafael me dio una gran lección de vida. Era un hombre institucional.
(Ruizcortinadas, Gustavo Ávila Maldonado).

Memo Zúñiga y su política de puertas abiertas

27 mayo, 2015 11:00 am

Pocos políticos como el recién fallecido Guillermo Zúñiga Martínez para atender a los ciudadanos.
En todos sus cargos de la función pública y de su partido, siempre mantuvo abierta su oficina, con las puertas abiertas de par en par.
Quien deseara ser atendido o escuchado por el Profesor Zúñiga, sólo bastaba la voluntad del ciudadano de querer ser recibido.
No había eso de “el Lic. está en una reunión”, “déjeme sus datos y nos comunicamos con usted”, “¿ya tiene usted cita con el Licenciado?”, “lo acaba de llamar el Señor Gobernador y ya no lo podrá atender”, “el Lic. no lo va a poder atender, pero le encargó su asunto a su secretario particular; él ya está enterado de lo que debe hacer”… entre otras tantas mamadas que se inventan los funcionarios y sus secretarias para simplemente no atender a nadie que no sean sus amigos, compadres o cómplices en jugosos negocios.
Pues resulta que un joven delgado, con aspecto bastante modesto, acudió a la oficina del entonces Presidente Municipal.
En cuestión de segundos, el peticionario ya estaba hablando con el alcalde de la capital veracruzana.
“Dígame, ¿en qué le puedo servir?”, preguntó Zúñiga con esa voz tan amable y de barítono que lo caracterizaba.
“Necesito un empleo”, dijo tímidamente el muchacho.
Ni tardo ni perezoso, Memo le extendió una carta de recomendación con el empresario restaurantero David Bouchez, dueño en aquel entonces de La estancia de Los tecajetes.
El chavo se fue muy contento. Por fin iba a tener un ingreso para mantener a su esposa y a su hijo que venía en camino.
Ya en el restaurante, el estudiante de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana, fue habilitado primero como “garrotero” (el que levanta los “muertos”), luego como mesero y hasta fue ascendido a barman.
Pero un buen día, la suerte le sonrió. El corrector de estilo del diario Política renunció porque se iba como conductor de noticias a Avanradio. Le ofrecieron el puesto, y con el paso de los años llegó a ser Subdirector del periódico, al lado del legendario Yayo Gutiérrez.
Hoy, este gran amigo es uno de los periodistas más leídos del estado de Veracruz. Su estilo mordaz, satírico, caústico, pero con una gran dosis de humor, lo ha catapultado como uno de los mejores en este noble oficio. Salvador es su nombre, y su apellido Muñoz.

“Nunca he visto tanta pendejada tan bien escrita”

14 abril, 2015 11:21 am

Joseph Pulitzer fue un exitoso editor húngaro que logró amasar una inmensa fortuna, en su testamento estipuló la creación de un premio a la excelencia en el periodismo, la literatura, el,teatro y la educación. La Universidad de Columbia en la Ciudad de Nueva York es quien administra este premio; al Presidente de la Comisión de la Universidad le corresponde anunciar y entregar los premios a los designados por un jurado.
El primer premio se otorgó en 1917, y desde entonces se ha entregado, excepto que en algunos años ha quedado vacío. Con el tiempo la comisión ha venido incluyendo otras categorías como: Fotografía, Música, Ensayo, Crítica y Ficción literaria.
El premio va acompañado de un cheque por diez mil dólares, el más importante es el que se otorga al servicio público, al que se le agrega una medalla de oro.
Entre los personajes más conocidos que han ganado el Pulitzer están: Sinclair Lewis por El doctor Arrowsmith en 1926; Thorton Wilder en 1928 con su novela El puente de San Luis Rey; en 1932 lo gana Pearl S. Buck por La buena tierra; Margaret Michell se lo lleva en 1937 por Lo que el viento se llevó, que fue llevada magistralmente a la pantalla; John Steinbeck en 1940 con Las uvas de la ira; Robert Penn Warren es premiado por All The King’s men en 1947; Ernest Hemingway en 1953 por El viejo y el mar, que utilizaba en mis clases de literatura; John F. Kennedy lo gana con Profiles incourage en 1957; Harper Lee en 1961 por Matar un ruiseñor, favorita de mi compadre Juan Gorraez; Carl Sagan en 1978 por Los dragones del edén. Tennessee Williams y Arthur Miller, que tenía buen gusto para las viejas, ganaron el Pulitzer de teatro por Un tranvía llamado deseo y La muerte de un viajante respectivamente. En 2007 le concedieron la presea a Bob Dylan por el impacto de su música en los Estados Unidos ( pues el premio es solo para ellos) .
Un gobernador veracruzano, cuyo nombre no viene al caso mencionar, recibía constantemente de uno de sus subalternos, tarjetas con prolíficos informes; cansado de recibir tantos informes, llamó a su Secretario Particular, le aventó las tarjetas y le dijo: “A este cabrón que me manda todas estos pinches informes hay que mandarlo a que participe en el Pulitzer, nunca he visto tanta pendejada tan bien escrita” .

(Gustavo Ávila Maldonado, Ruizcortinadas).

“Todavía aguanta otra meada”

12 abril, 2015 5:05 pm

Una de mis películas favoritas es Mad Max, la primera, la que protagonizó el actor australiano Mel Gibson, tuvo tanto éxito, que hicieron otras dos, y ahora acaba de salir otra versión de Mad Max, pero en ésta se utilizan todos los adelantos y efectos tecnológicos que hay lo que le dará una gran espectacularidad. Los temas centrales de la película son la lucha por la gasolina y sobre todo por el agua.
Desde hace varios años el tema se ha hecho recurrente, y la verdad, es tal el desperdicio que se ha hecho del vital liquido, que dentro de muy pocos años se desatará en el mundo una verdadera guerra por el agua. Según el periodista Luis Velázquez, la Tercera Guerra Mundial sería por el agua.
Ya existe la tecnología para sustituir la gasolina, pero fuertes intereses no lo han permitido, pues acabarían con toda la industria petrolera, y en cuanto al agua ya hay plantas que hacen potable las aguas negras o desalizadoras, pero aún es muy costoso su operación a gran escala. Me tocó ver de cerca esa tecnología cuando trabajé en la Dirección de Aguas Salinas y energía solar de la extinta SAHOP hace algunos años.
Las grandes ciudades, cada vez tienen que hacer pozos más profundos o traer el agua de lugares más lejanos (Cutzamala) para abastecerse del vital liquido. Y ya hemos visto los problemas que se suscitan entre los municipios por este líquido, y lamentablemente no hemos desarrollado una cultura de ahorro del agua.
Me cuenta mi amigo Abdón Dorantes, que el doctor Víctor Saldívar vivía en la calle José María Ibarrán numero 89, en la Colonia Santa María Insurgentes, de la Ciudad de México, en la misma calle donde vivía don Adolfo Ruiz Cortines. En una ocasión el doctor estaba lavando su coche a cubetadas, salió su esposa y le dijo: “Viejo, el Señor Presidente quiere hablar contigo”.
Creyendo que se trataba de una broma de algún amigo, el doctor Saldívar entró a su casa para contestar el teléfono.
– “A sus órdenes Señor Presidente”, dijo esbozando una sonrisa, para seguir la broma, y tratando de identificar la voz para ver quien era el amigo que lo quería agarrar de tonto.
– “Mire amigo -escuchó la voz ronca de don Adolfo-soy su vecino, y le quiero pedir respetuosamente, que no desperdicie el agua, acabo de ver el derroche que está haciendo de este líquido tan necesario para todos los que vivimos en esta ciudad, utilice una sola cubeta, hágalo por el bien de todos nosotros y de usted mismo”
El doctor Saldívar se quedó como pendejo y no atinó a decir otra cosa, y sólo balbuceó: “Sí, Señor Presidente”.
Don Adolfo era austero en todo, pero sobre todo con el agua, por eso dicen que cuando iba al baño a desahogar la vejiga, al terminar, le echaba una mirada a la tasa y en lugar de jalar la palanca del retrete, solía decir: “Todavía aguanta otra meada”.

(Ruizcortinadas, Gustavo Ávila Maldonado)

De cuando Agustín Acosta Lagunes se enfureció porque un alcalde usó una vajilla de plata

26 marzo, 2015 12:29 pm

Esto le aconteció a Virgilio Cruz Parra, quien fue alcalde de la ciudad y Puerto de Veracruz durante el trienio 1979-1982.
Resulta que en una ocasión, el munícipe invitó a comer a su casa al entonces gobernador Agustín Acosta Lagunes, quien fue un excelente mandatario, brillante economista, pero que tenía sus defectos como todo ser humano.
Por ejemplo, don Agus (como cariñosamente lo llamaban) era exageradamente ahorrativo (codo o marro, dirían algunos), además de tener un carácter agrio, irascible, y que a veces rayaba en la intolerancia.
Así que cuando Acosta Lagunes vio que Cruz Parra sacó la vajilla de plata
–acorde al gran acontecimiento por la distinguida visita–, el nativo de Paso de Ovejas montó en cólera.
–¿¿¡¡Pero qué es esto!!??, ¿de dónde te las robaste?
Virgilio enmudeció, luego tartamudeó y adujo que las adquirió con el esfuerzo de su trabajo, argumento que, por supuesto, no convenció al terrible gobernador.

Primero muerto que renunciar a la política, a un buen puro y a un exquisito vino: Pancho Loyo

8 febrero, 2015 10:31 pm

 En 1998 a Francisco Loyo Ramos le dio un infarto.
Le colocaron en esa ocasión, en el Hospital ABC de la Ciudad de México, una válvula metálica de manufactura alemana.
El médico que lo atendió le prohibió tres cosas: la estresante función pública, el vino tinto que tanto le gustaba y los puros.
“Put… madr… me quieren quitar lo que más me gusta… es como si estuviera muerto en vida…”, dijo y jamás renunció a sus gustos.
Este domingo 8 de febrero de 2015, este extrardinario cosamaloapeño que fue director de la Facultad de Derecho, que estudió un Doctorado en Alemania, que fue diputado local, líder del Congreso veracruzano, diputado federal, secretario del Congreso local muchas veces ratificado por su sapiencia, murió contento.
Alegre, dicharachero, agudo, perspicaz, de una inteligencia asombrosa, pero sobre todo jamás se privó de las cosas sabrosas e intensas de esta vida.
Descanse en paz.

Demetrio Ruiz Malerva encaminó a Vázquez Chagoya en el análisis político

6 febrero, 2015 10:23 pm

Relata su amigo tuxpeño Ezequiel Castañeda en una plática en corto en la oficina de Comunicación Social, que cuando ambos estaban trabajando con Demetrio Ruiz Malerva en el PRI estatal, un día se hicieron nombramientos en el Comité Directivo y a César lo designó encargado de Análisis, un área nueva que le ayudaría mucho a su formación profesional.

Para los presentes fue algo así de “¡Órale! ¡Le dieron una oficina completa a César!”, pero curiosamente la reacción del minatitleco fue de seriedad pasmosa.

Luego de los nombramientos, a César Vázquez Chagoya lo vieron ahí sentado en uno de los rincones de la sede del tricolor, moviendo las piernas (una costumbre que tenía de agitar dichas extremidades), con su cigarro y apachurrado.

— ¿Y ora tú que traes?
— Pos ya valí madre.
— ¿Por qué? Te acaba de dar un nombramiento fregón el jefe.
— No, maestro, me están congelando.
— ¿Pero por qué?
— Pos esa madre no existe.

Lo que no sabía el joven Vázquez Chagoya es que Ruiz Malerva, a quien tanto admiraba, lo estaba encaminando en los primeros indicios de lo que sería su pasión: la información. (Tomado de Columna sin nombre/ Pablo Jair Ortega).