Cadetes, ¿mano de obra calificada para la delincuencia?

En el último año del sexenio pasado, un día me buscó un joven a cuya familia conozco desde hace mucho tiempo.
Me pidió alojamiento temporal en Xalapa porque, me dijo, necesitaba venir a la capital ya que pretendía ingresar como cadete a la Academia de Policía de El Lencero.
Se vino de su pueblo, se presentó en la Academia y seguramente para su sorpresa –para la mía lo fue– lo aceptaron de inmediato. Regresó por su maleta, me dio las gracias y se fue a vivir como cadete.
No volví a saber de él hasta que un día me enteré que había desertado cuando ya casi estaba por concluir su preparación.
Poco tiempo después me buscó y me explicó lo que realmente había pasado.
Aprovechó un fin de semana cuando lo habían dejado franco para ir a ver a su familia y ya de regreso para presentarse de nuevo en la Academia quedó atrapado en la carretera en uno de los tantos bloqueos que había a diario porque el gobierno de Javier Duarte no pagaba, y ya no pudo llegar.
Sin embargo, tuvo la intención de presentarse aunque fuera a destiempo, pero entonces se enteró que a otros compañeros suyos a los que les había sucedido lo mismo y que se habían presentado los habían castigado severamente metiéndolos en un tambo y varias cosas más.
Se quedó con su familia en su casa, en su pueblo, y aunque asegura que le había gustado mucho su estancia en El Lencero y las funciones de policía que lo habían mandado a hacer en varios puntos, pudo más el miedo al castigo y al maltrato y ahí acabó su intención de ser uniformado.
Pero cuando pensó que ya todo había quedado en el olvido, un día sorpresivamente llegaron a su casa varios hombres que nunca supo si eran del Ejército, de la Marina, de la Policía Federal o de la Fuerza Civil y lo empezaron a interrogar.
Fue gracias a que pudo demostrar plenamente que estaba empleado como obrero y que les contó la historia de por qué ya no se había presentado que lo dejaron en paz.
Lo que esos hombres querían saber era si había desertado porque lo había tentado y lo había convencido la delincuencia organizada para que se pasara a sus filas, toda vez que ya estaba capacitado, cuando, por decirlo de alguna forma, ya era mano de obra calificada.
De eso me acordé la noche del jueves pasado cuando estalló el escándalo por el despido inesperado de 185, 200 cadetes, por parte del entonces director del Centro de Estudios e Investigación en Seguridad (CEIS), mejor conocido como la Academia de Policía, Julio César Sosa Mirós.
La prensa diaria ha dado ya detalles del caso. El pretexto fue que no habían aprobado el examen de confianza cuando muchos ya tenían seis meses de entrenamiento.
Cuando los echaron les debían cinco quincenas de tres mil pesos cada una, por lo que de pronto se vieron descobijados y sin tener siquiera para el boleto de regreso a sus pueblos o ciudades. Ante su protesta, se les amenazó que serían desalojados por granaderos.
Fue decisiva la intervención del Secretario de Seguridad Pública, Jaime Téllez Marié, para que volvieran a sus espacios esa noche y al día siguiente cuando platicó con ellos les ofreció que se les pagará lo que les deben y que sería despedido el director Sosa Mirós.
Pero hasta donde se quedó la participación del titular de la SSP, el viernes 16 anunció que los jóvenes serían despedidos porque “no acreditaron los exámenes de control y confianza… Son disposiciones que no manejamos nosotros, hay normativa directamente del Sistema Nacional de Seguridad Pública…” (nota de Rodrigo Barranco Déctor, alcalorpolitico.com).
Lo ocurrido explica en parte por que ha fracasado en el Estado el combate a la delincuencia, organizada o no.
¿En seis meses nadie se percató que los jóvenes no eran dignos de confianza para desempeñar el trabajo de policía?
¿Cómo fue entonces que los aceptaron? ¿Les pidieron dinero a cambio para hacerse de la vista gorda?
¿Qué autoridad o instancia vigila que se cumpla la normatividad y que quienes tienen que aplicarla lo hagan?
¿Acaso lo ocurrido no refleja el desorden que hay en la Secretaría de Seguridad Pública y en una de esas hasta en todo el Gobierno?
¿Quién ordenó nombrar como director a alguien que no cumplía el perfil?
¿Es que tienen que estallar conflictos que se vuelven escándalos para que sólo así se den cuenta las autoridades que las cosas andan mal?
¿Si es cierto que los jóvenes no cumplieron con el examen de confianza, por qué entonces se malgastó el dinero de los veracruzanos en lo que el propio Secretario de Seguridad calificó como “una pendejada” por haberlos contratado?
¿Al despedirlos, nadie pensó que la delincuencia organizada se ha de haber frotado las manos esperándolos para reclutarlos, o sea, se les capacitó para que terminaran sirviendo a la delincuencia?
¿Habrá castigo ejemplar para el ex Director y su secretario particular o le echarán tierra al asunto?
¿Por qué no se ha informado suficientemente sobre el caso sobre todo luego de que se pregonó que este sería el Gobierno de la transparencia?
¿La organización (o más bien dicho la desorganización) en la Academia de Policía es la misma con la que se combate (es un decir) a la delincuencia?
¿Cómo decía Duarte, aquí no pasa nada?
¿Sabrán las autoridades que muchos de ellos dejan a sus familias y se disponen incluso a arriesgar sus vidas para poder darles sustento?
También Sergio Rodríguez cuestiona manejo de recursos
Caray. También el mismo presidente de la Comisión de Hacienda del Estado, Sergio Rodríguez Cortés, del PRD, cuestionó el manejo discrecional de los recursos del Congreso local.
Ello ocurrió por la tarde durante una mesa de análisis que conduce Joel Cruz en la XEU de Veracruz.
Durante su participación, Checo Rodríguez coincidió con la inquietud de su compañera panista Cinthya Lobato Calderón.
Dijo que cómo es posible que el Poder Legislativo fiscalice los recursos de los entes públicos y no empiece por casa.
Además, señaló que el dinero que se maneja ahí no es para que se reparta entre los diputados sino para que “funcione como el poder que es”.
Comentó que para ello hay una Comisión de Administración y Presupuesto que es la que debe acotar el uso discrecional de los recursos por parte de la Junta de Coordinación Política (Jucopo).
Sin embargo, agregó, dos de los tres integrantes de dicha Comisión son coordinadores de bancada y miembros de la Jucopo: su compañera perredista Yazmín de los Ángeles Copete Zapot y el priista Juan Nicolás Callejas Roldán (una vocal y el otro secretario), por lo que “son juez y parte”.
Critico además que en la página del Congreso no se maneja información de manera detallada y en qué rubros se gastan los recursos, sino que sobre montos y destinos todo se hace de manera muy generalizada .
Hasta el celular les pagan
Por su parte, la diputada Lobato Calderón se dijo sorprendida ante lo que informó su compañera panista Mariana Dunyuaska de que hay una partida especial para el pago de telefonía celular de los diputados y que tienen no doce sino diecisiete asesores.
Participaron también de manera telefónica, el diputado del PRI Carlos Morales Guevara y el de MORENA, Amado Cruz Malpica.
Nace este miércoles Mujeres Líderes de Veracruz
Durante un acto que tendrá lugar este miércoles a las 10 de la mañana en el Hotel Xalapa, nacerá oficialmente la asociación civil Mujeres Líderes de Veracruz, A. C., cuyas directivas rendirán protesta.
Ellas son Vicencia Escobar C., como Presidenta; Eva Cisneros S., como VicePresidenta; Elda Larios M., como Tesorera; y Nora I. Llerena G., como Secretaria.
Lo interesante es que son empresarias de a deveras pues sus integrantes manejan giros comerciales como papelerías, boutiques de ropa y zapatos, repostería, servicios veterinarios, servicios de laboratorio, modistas, diseñadoras de eventos, ingenieras civiles y arquitectas, elaboración de salsas y alimentos, etc. La asociación agrupa a 45 socias.
Traen ganas de trabajar, la agrupación no tiene filiación política y desean contribuir al desarrollo de Xalapa y del Estado. Se les desea éxito.