Desde la Universidad ¿Qué nos toca hacer por los derechos de las mujeres?

Por: Harmida Rubio Gutiérrez

Cuando estudiaba la carrera de arquitectura, siendo de las pocas mujeres en mi grupo, había maestros que nos decían a nosotras que no sabían cómo íbamos a conseguir trabajo, si todos los contratos de obra se firmaban en las cantinas, y ahí no podíamos entrar. También nos decían que debíamos de preocuparnos más por cómo vestirnos y cómo vernos y no tanto por las entregas de los planos y las maquetas, por que al fin y al cabo nuestro destino era casarnos y tener hijos, no ser profesionistas.
Hasta recuerdo que una vez un maestro, al que le fui a pedir asesoría de un proyecto, me dijo cuando le rebatí una de sus críticas: a ver, aquí no eres la hijita de papá, aquí el que sabe soy yo; “instruyéndome” desde el prejuicio y el autoritarismo.
Y así, en aquella época, una y otra vez varios maestros nos hacían ver que la universidad no era nuestro lugar. Como muchas otras compañeras, también sufrí acoso por parte de profesores, y muchas ocasiones comentarios groseros y violentos de mis compañeros, a los que les parecía que una mujer que estudiara arquitectura, tenía que pagar así el precio de su osadía.
Pues bien, veinte años después parece que las cosas no han cambiado mucho en las universidades, incluso se han subrayado la desigualdad y la violencia.
La semana pasada fuimos testigos de las declaraciones descaradas, agresivas y estúpidas que un profesor universitario emitió acerca del caso de Dafne, la chica veracruzana que fue agredida sexualmente por un grupo de delincuentes adinerados llamados los Porky’s. Marcelino Perelló profesor de la UNAM, en el programa de radio del que era titular, comentó que no era violación cuando a una mujer no se le penetra con el pene, como si esto disminuyera la agresión; y además trajo a la memoria aquel viejo mito tan dañino: que las mujeres secretamente queremos ser violadas porque es la única forma en la que sentimos placer sin culpa; entre otras “joyas” de frases por el estilo. Días después, ante la reacción que hubo en medios y redes sociales, el señor fue destituido de su espacio en Radio UNAM, pero ¿qué pasará en sus clases?
Las mujeres estamos realmente hartas de que se valoren nuestros pensamientos, experiencias y percepciones de una forma tan banal, como si se estuviera hablando de cruzar la calle o algo doméstico y sin importancia, cuando se habla de la invasión de nuestros cuerpos. Estamos hartas de que con toda ligereza y desfachatez alguien justifique la violencia sexual y encima nos eche la culpa; y aún más hartas estamos, y creo que ya ha llegado el momento de poner un límite, de que estos comentarios sigan saliendo de las universidades y que no pase nada con quienes los emiten.
Como bien lo dijo MIchelle Solano, una internauta que opinó acerca del caso de Perelló: las mujeres con nuestros impuestos pagamos los sueldos de profesores de las universidades públicas, y somos también en gran parte las que estudiamos en ellas. Entonces pienso ¿Cómo es posible que como Universidad sigamos permitiendo que las personas encargadas de la educación superior, digan a los cuatro vientos que no es grave en este país que a una mujer se le toqueteé, se le agreda sexualmente, se le haga hacer cosas que no quiere hacer, aunque sea menor de edad? ¿Cómo es posible que eso siga pasando en la universidad donde se supone que se cocinan las ideas que llevarán a la sociedad a tener una mejor calidad de vida?
Las universidades, como las ciudades, son el reflejo de su sociedad, eso dicen algunas teorías surgidas de la academia. Yo creo que sí, pero con sus matices. En este caso, reflejan una parte de la sociedad a la que no le importa que a las mujeres se nos siga matando, violando, agrediendo. Una parte de la sociedad que cree que ese no es su problema. Pero también son el reflejo de otra gran parte, mujeres y hombres, que se involucran en la lucha contra la violencia de género, en las aulas, en los congresos, en los medios de difusión universitarios; y que proponen acciones día a día, para hacer de las universidades un espacio seguro y digno para las mujeres. Pero creo que hay una gran parte que se queda observando, que no dice nada y lo deja pasar.
Este hecho deja ver lo mucho que hay que trabajar en las universidades para tener de verdad igualdad de género, respeto, inclusión. Que no sea sólo discurso, que sea real. Aprovechemos la coyuntura y hagamos un auto análisis, veamos qué se está difundiendo como pensamiento social e igualitario en las aulas, qué violencias se normalizan y qué discriminaciones siguen vivas y hagamos algo al respecto.
En aquel tiempo en el que yo estudié la carrera, se justificaba a los maestros agresores y discriminadores diciendo que eran muy buenos enseñando lo suyo, que eran grandes técnicos, que eran muy buenos profesionistas y transmitían muy bien el conocimiento. Yo no los recuerdo así. Yo creo que no se puede ser buen maestro si difundes que la violencia es normal, y que se la busca quien la sufre. Eso no lo dice una buena persona, y precisamente son buenas personas las que se necesitan en las aulas. Creo que la ética universitaria también se trata de estos asuntos. Si no, ¿qué estamos simulando como universidad? ¿No es la universidad un espacio de esperanza en estos tiempos de violencia?
Reflexionemos. Es el momento para hacer autocrítica y actuar.


Mujeres que saben latín

Sheyla Fuertes

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