Tres maquinitas (como la de los bancos) contaban la lana producto de los moches, en la era de la fidelidad

En el sexenio de Fidel Herrera se hizo famoso no sólo el cobro del diezmo, sino del 20 o hasta el 30 por ciento por concepto de asignación de obra pública.
Muchos de los actuales diputados federales y otros que fueron “desaparecidos” por el sistema, eran los “cobradores” de esta lana.
Así, se veía, por ejemplo, a Erick Lagos, Jorge Carvallo, Cristian Morales, entre otros, entrar a la Casa de Gobierno con tremendas maletotas repletas de billetes.
Y como era tanto el efectivo, Herrera Beltrán compró tres maquinitas para contar dinero, de esas que tienen en los bancos. Una vez contada y etiquetada, la marmaja era almacenada en varias casas de seguridad. Quienes vieron esas escenas, cuentan que era como ver una imagen similar a los alteros de billetes que le encontraron al chino Zhenli Ye Gon.
Eran los tiempos de la plenitud del pinche poder. Los tiempos en que lo que costaba en política era barato. Se compraron conciencias, se corrompieron líderes de partidos, surgieron nuevos medios de comunicación, se pagaban sueldazos a barbies guapísimas.
Eran los tiempos del derroche, de la abundancia. Fueron los tiempos en que para ser operador político sólo bastaba tener una maleta de dinero y comprar todo lo que se pudiera comprar. Así iniciaron sus carreras políticas Jorge Carvallo, Érick Lagos, Gabriel Deantes, Tarek Abdalá, Édgar Spinoso, entre otros. El diálogo, el convencimiento, los consensos, el debate, eran mamadas para los ilusos y los románticos. El poder era (y es) el dinero. Sólo eso y nada más. Esa fue la escuela de “jóvenes políticos” que formó Fidel Herrera. Esos son los jóvenes que ahora son flamantes diputados federales, y que aspiran a ser gobernador o senadores de la República. Son los succionadores profesionales del presupuesto, los vividores de la política. Los que quieren seguir gobernando a Veracruz a costa de lo que sea. Por eso Héctor y Pepe Yunes son un gran obstáculo a su voracidad y apetito de poder. Estos mercenarios de la política van por todo. Se quieren perpetuar en el poder, a costa de la pobreza de los veracruzanos. Es la nueva clase política. La que seguirá sangrando a los veracruzanos. Es la terrible plaga que, al parecer, llegó para quedarse.